Álex tiene vergüenza
Un álbum lleno de ternura y humor que invita a los más pequeños a superar la timidez y a compartir juegos y afectos.
Frente a quien tiene un carácter extrovertido, hay otras personas con menos habilidades sociales a las que les cuesta expresar sus sentimientos y necesitan más tiempo para integrarse. Natalia Shaloshvili sigue explorando las necesidades afectivas y las emociones de la infancia con «Álex tiene vergüenza»: la protagonista no quiere jugar con nadie más que su madre y, cuando van a la casa de Leo, este la recibe pletórico de energía y le propone divertirse juntos imaginando que desempeñan distintos oficios. La fantasía de Álex se dispara, pero su timidez le impide disfrutar del juego, buscando la protección de su figura de apego, que le ofrece apoyo.
Tras varios intentos de trastear, ambos sienten tristeza y frustración: Álex porque es tan introvertida que no consigue demostrarle que quiere ser su amiga; y Leo porque no logra su complicidad. Nada como sincerarse mutuamente para que la pequeña loba se sienta comprendida y el pequeño ratón gane su confianza para comenzar a compartir muy buenos momentos.
La expresividad de estos animales humanizados es una de las claves de este relato tierno, entrañable y con pinceladas cómicas, como convertir un utensilio de cocina en un casco de astronauta. También destaca el valor del juego simbólico para el desarrollo cognitivo, emocional y social de los más pequeños. A nivel narrativo combina diálogos breves con pasajes que muestran el trepidante mundo interior del personaje principal. Igualmente, las ilustraciones reflejan esa dualidad entre el plano real y el imaginario, con una propuesta estética a base de trazos indefinidos y manchas de color que caracterizan el estilo de la autora, tan próximo

